Terminamos este curso en el que básicamente nos hemos centrado en temas relacionados con el seguimiento de Jesús: su llamada. Si en el tiempo que has estado en reuniones o respondiendo a las preguntas del blog no has sentido la llamada a seguir a Jesús, considéralo un tiempo baldío o perdido. Como mucho te diría que te podría ayudar a reconocer tu minoría de edad y tu “dependencia”. Hay quien pide confirmarse no porque vea en ello una necesidad sino que lo hace por presión social (¿dónde va Vicente?, donde va la gente) o sometimiento a mandatos de la autoridad familiar (“Se han empeñado mi padre o mi madre..."). Lo digo para que lo penséis y, si viene al caso, os deis cuenta de que os queda mucho para madurar humana y cristianamente.
Ya os avancé que, para el próximo curso, habremos de dar algunos pasos más que os explico aquí enmarcándolo en su conjunto. La vida cristiana tiene como “tres puntos de apoyo”, aunque podríamos decir que cuatro, porque uno de ellos se subdivide en dos.
Antes, un esquema visual:
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FE
Estudio y conocimiento del Evangelio
Lo primero para ser cristiano -discípulo seguidor de Cristo- es “conocer” a quien se sigue. Cuando se dice “tengo fe” he de aclarar a quién o en qué creo. El cristiano se supone que cree en Jesucristo como Hijo de Dios; es decir, cree que Jesús de Nazaret es el Cristo (Ungido, Mesías) de Dios Padre. Y esta fe nosotros la profesamos dentro de la Iglesia Católica. Otros que creen en Jesús no lo reconocen como Cristo -Dios hecho hombre- sino como un personaje excelente al que Dios apoyó. Quienes creen así se denominan arrianos; son arrianos, por ejemplo, los musulmanes, que creen en Jesucristo como un gran profeta, pero en modo alguno Dios que se encarna como hombre para enseñarnos con su ejemplo el camino hacia el Padre.
La fe se alimenta con la escucha de la Palabra y la oración. Asistir a catequesis es cumplir el primer requisito para ser buen católico: conocer a Jesús, a su Iglesia y su mandamiento del amor a Dios y al prójimo como a uno mismo.
Este año nos hemos dedicado prácticamente a sólo algunas enseñanzas sobre Jesús. Bueno es saber de Él; pero, como os he dicho en alguna ocasión, no basta “saber”, hay que “saborear”. Por mucho que te esfuerces, Dios no entra por tu mente. Si así fuera tú serías más grande que Dios, porque lo abarcarías. Si bien es bueno “pasar por la Biblia” y saber acerca de Dios y de Jesucristo, lo que verdaderamente salva es "que la Biblia pase por ti”, es decir, que el espíritu y modo de vida de Jesucristo se haga realidad en tu vida ordinaria. En otras palabras: si la fe es muy buena y se alimenta con el conocimiento (catequesis), también se requiere de la esperanza para vivir; y la esperanza no se nutre sólo de ideas sino también y sobre todo de sentimientos e intuiciones.
ESPERANZA
Celebrar la vida
Decía san Ignacio de Loyola que “"No el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente". La experiencia de Dios en la oración y los sacramentos nos facilita el acercamiento espiritual a Cristo, y así alienta nuestra esperanza, la segunda virtud cristiana.
Y en la esperanza insistiremos el próximo año, sin olvidar ir dando algunos pasitos más en lo de la fe. El próximo curso nos centraremos en las celebraciones. Nos reuniremos los viernes, además de para comentar cosas de la fe, para orar a Dios con silencios y palabras; y nos reuniremos el domingo con la comunidad parroquial para la celebración de la Eucaristía. Aprehenderás así -si es que vienes con intención de aprehender y no sólo de confirmar un no se qué que no existe- que Dios te ama y quiere lo mejor para ti.
Lo de reunirnos los domingos para la misa es un requisito irrenunciable parea confirmarse como es debido, “como Dios manda”. En la Confirmación profesaréis la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y también confesaréis vuestra fe en la Iglesia. Pues bien, la Iglesia -supongo sabéis por qué suenan las campanas el domingo- se reúne una vez a la semana y en Solemnidades y Fiestas para verse, escuchar juntos la Palabra de Dios y participar del Sacramento Eucarístico. Entender y vivir esto es superar el infantilismo de la “primera comunión”, que muchos llaman "primera y última".
Sé que esto de ir a misa a un joven de hoy le suena a rollo. De hecho, puede que incluso quienes te dicen que te tienes que confirmar, quitan importancia al hecho de que hayas de ir a misa los domingos. Eso indica que no tienen formación cristiana -aunque estén confirmados-, y lo único que les motiva es el “utilitarismo”, o sea, la utilidad de un papel -certificados de bautismo y confirmación- que permita presumir de algo de lo que no se debe presumir o se te exija para ser padrino de bautismo o casarte en la Iglesia. ¡Qué pobreza! Pobres novios que reducen el matrimonio a un rito preciosista en una iglesia, y pobres niños que son apadrinados por personas que no tienen ni idea acerca de Jesucristo, ni de la riqueza de sus enseñanzas, ni de los beneficios de su gracia.
De todos modos, no hagas caso a lo que te dicen quienes parecen saben de esto más que el cura. Mi experiencia me dice que la ignorancia es más atrevida de lo que parece, y en esto de la religión todos saben lo que es mejor; todos, menos el cura, que parece ser que anda un poco despistado y no se entera de que la Iglesia se debería modernizar sometiéndose a los caprichos de cada cual. A quienes digan esto le decís que la mejor manera de cambiar la Iglesia es estando en ella y participando en sus actos, especialmente en los sacramentos. Resulta curioso que los que quieren cambiar la Iglesia son los que no se dejan ver ni por el templo ni por la sala parroquial.
Bueno, nosotros no caeremos en eso, y para el próximo curso será necesario al menos dejarse ver por la Iglesia en la misa del domingo. Si no te sirve para alimentar tu esperanza y te produce más bien desesperación el hecho de ir a misa, deberías pensarte eso de la confirmación. Confirmar que no volverás a asistir a misa, tal como muchos parecen haber confesar solemnemente el día de su primera comunión, no es más que un acto de evidente hipocresía. Si el día en que te confirmes te dices a ti misma: "¡Uf, qué bien ya no tengo que volver a la Iglesia!", es que formas parte del rebaño de los esclavos. No tienes personalidad.
CARIDAD
Amar a tus hermanos, amar a todos
Y falta el último pie de nuestra reflexión. Si la fe alimenta nuestro conocimiento de Dios, y si con la oración y los sacramentos celebramos nuestra esperanza, con nuestro pertenecer consciente a la Iglesia y con la práctica de un amor sin fronteras, completamos el círculo de nuestro ser cristianos dignos de recibir como Dios manda el Sacramento de la Confirmación.
Este tercer elemento; la caridad o el amor tiene para nosotros dos facetas. Primeramente me siento miembro de una comunidad llamada Iglesia Católica, y me debo a ella, es decir, me siento beneficiado y responsable de mis hermanos de fe. Es lo que se llama “comunión interna”, es decir, cuando me reúno el domingo para la Eucaristía sé que quienes estamos reunidos son mi familia espiritual; y no estar presente en ese acto tan nuestro no sólo es una falta porque “no he ido a misa” sino también porque he faltado a mis hermanos no acompañándoles en esos momentos en que mi presencia es para ellos aliento y esperanza. Es muy importante limar asperezas y choques con aquellos con los que comparto el mismo pan, la misma comunión. Decía Jesús. “Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda”. (Mt 5,23-24). Es muy importante llevarnos bien entre nosotros. ¡Cómo voy a creer en Jesús si no cuido esto!
Y junto a la “comunión interna”, la “comunión externa”, es decir, el sentir que la Iglesia está para vivir la fe y ayudarnos; pero esa ayuda no se puede limitar a ser efectiva con los que formamos parte de ella. En la Iglesia existe Caritas (que significa amor), que no es una ONG sino la misma Iglesia amando. Aquí es importante examinar la relación de la fe con la vida. No está preparado para confirmarse quien no es responsable en su trabajo (estudios), quien no tiene un comportamiento bueno con su familia, grupo de amigos y vecinos, o quienes niega a ayuda quienes necesitan de su ayuda.
Además de fe (catequesis) y esperanza (celebraciones cristianas), es esencial el amor (caridad, compromiso con la justicia). Si no se da esto, la confirmación será un teatrillo, un bailar al ritmo de los demonios que se interesan solo por los títulos y las apariencias impidiendo así que los jóvenes lleguen al conocimiento y seguimiento de Jesucristo.
Conclusión
Bueno, tal vez te parezca mucho texto para leer de un tirón. De todos modos, si lo que te anima es encontrarte con Jesucristo y celebrarlo en la Confirmación, que Dios te bendiga. Y si no... que Dios te reclame a su tiempo lo que de falsedad halle en ti. Ya eres mayorcita para saber lo que haces. Puedes engañar a otros con tus apariencias; a Dios no.
Vuestro catequista, que soy yo, para discernir si estás preparada pera la confirmación sólo podrá juzgar desde los signos externos: si asistes a las reuniones y respondes a las cuestiones planteadas, si vas a misa los domingos, y si eres responsable en tus estudios y buen trato con los amigos y ayudas a las personas con las que vives. Lo interno sólo Dios lo conoce. Procura no sólo aparentar que eres una buena cristiana; sé buena cristiana desde lo más hondo de ti.
Feliz verano, y nos vemos en septiembre. Claro que, si para ir calentando motores, apareces por la Iglesia en este tiempo, todos nos alegraremos y te podrás ir entrenando para el curso que viene.
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Casto Acedo
Junio 2026
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