sábado, 10 de octubre de 2026

El banquete (11 de Octubre)

 EVANGELIO

Mt 22,1-14

Jesús tomó la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

¡Palabra del Señor!

* * *

COMENTARIO

En primer lugar ¡gracias por vuestra presencia en la Eucaristía (misa) del domingo pasado! La verdad es que hubo un momento en que dudé de que os decidierais a seguir con el programa de "asistir a misa los domingos y solemnidades". Siempre podemos buscar una excusa para ello. Y de eso, de excusas, va en parte el evangelio de hoy.

Este evangelio habla de un banquete. Y lo primero es distinguir entre un "banquete" y "una comilona". La comilona, ya sabemos, es darse un atracón por el simple placer o gusto de dárselo. El placer por el placer. Un banquete puede o no ir acompañado por mucha comida y bebida, pero lo que le define no es la abundancia de exquisiteces sino el motivo: cumpleaños, boda, bautismo, jubilación, etc. La verdad es que para que haya banquete debe haber cierta sensibilidad y educación; la comilona a secas, sin embargo, sólo requiere la parte animal de la persona.

Pero vayamos a las enseñanzas del evangelio. Os señalo tres:

1. El banquete puede ser la Eucaristía (misa). Todos somos invitados a esa mesa común, a ese banquete, que no se caracteriza por la abundancia de comida (un poco de pan y de vino) sino por el motivo que celebra: la Pascua, el hecho de que Jesús se entregara, por ti, por mi y por muchos, en un gesto inaudito de perdón. Somos invitados en la misa a participar del amor de Dios: "En verdad es justo y necesario, darte gracias, Señor...", se dice en el Prefacio de la misa. Por tanto, la celebración es un banquete al que somos invitados y para el cual son muchos los que ponen excusas. Podrías preguntarte: ¿qué excusas suelo poner para no participar?, ¿qué cosas considero que son más importantes sin serlo en realidad? Una buena pregunta para hoy.

2. También podemos decir que el banquete es la mesa común de la humanidad. Todos somos invitados por Dios a compartir lo que tenemos, y esto es importante en un mundo donde unos andan sobrados y otros pasan necesidad. Por tanto, participar en el banquete supone compartir con otros lo que tengo. Y para este banquete universal también solemos poner excusas. Comprendemos que quienes tienen más que nosotros compartan, pero solemos hallar una excusa para no compartir lo nuestro con los que tienen menos. Aquí otra reflexión simple: ¿Qué excusas me pongo para no compartir mi tiempo, mis cosas, mi espacio con aquellos que me necesitan? 


3. El "traje de fiesta" nos da la tercera enseñanza que os comento. ¿A qué se refiere ese traje? Desde luego no es un traje material. El invitado pobre no tiene para vestirse con lujo. Se trata de un traje "espiritual". San Pablo lo define así:
“Todo lo que hay de terreno en vosotros: fornicación, impureza, liviandad, malos deseos y codicia, que es una idolatría. … ¡Lejos de vosotros todo lo que signifique ira, indignación, malicia, injurias o palabras groseras! No os engañéis unos a otros; despojaos del hombre viejo y de sus acciones, y revestíos del hombre nuevo, … de sentimientos de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia; soportándoos mutuamente y perdonándoos… Y por encima de todo, revestíos del amor que es el vínculo de la perfección” (Col 3,5.8-10.12-14). 
Baste esta cita para entender lo que significa tener o no tener el traje adecuado para la fiesta. Para participar en el banquete hay que mantener limpio el "vestido blanco" del bautismo, es decir, para comulgar dignamente en la misa, se necesita purificar el corazón y la vida de egoísmos y rencores. En los primeros siglos del cristianismo, antes de meterse en la piscina bautismal, los adultos que se bautizaban se despojaban de sus joyas, afeites y vestidos habituales, y desnudos bajaban por 7 escalones a la piscina que había en el baptisterio, y eran bautizados; luego salían por otros 7 escalones y eran revestidos con una vestidura blanca. Todavía hoy, al bautizar a l@s niñ@s se conserva el rito de la imposición de la vestidura blanca. Se coloca sobre el niño un paño blanco y se dice:
"N. (Nombre), eres ya nueva criatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna". Amén.
Esta es la vestidura que se pide para asistir dignamente al banquete que es la misa y comulgar. Llevar la vida que se espera de un bautizado. Vestir el traje blanco del  bautismo, "revestirse de Cristo", como se decía en el texto de san Pablo citado antes. La pregunta aquí es: ¿Soy digno de participar en la mesa del Señor comulgando? ¿Es mi vida un testimonio de amor? ¿O vivo en el egoísmo y la soberbia? Cuando no se está em "estado de gracia" conviene no comulgar y acercarse al Sacramento de la reconciliación (confesión) a fin de purificarme para el encuentro con el Rey (Dios Padre) en el banquete de su Hijo (Jesucristo).

Os espero en el "banquete eucarístico".

FELIZ DOMINGO

Octubre 2026
Casto Acedo. 

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